El amanecer nos encontró tras la montaña, mientras tu me contabas una historia fantástica de la tierra donde naciste. Yo dormitaba tras la hoguera, cansado de caminar todo el día en el bosque y cantar toda la noche, escapando de las luces, princesas y otros terrores.. El alba nos abrazaba, mientras tu acurrucabas tu cabeza, a tal modo que nuestros ojos trazaban una pequeña y delgada linea entre tus pestañas hasta las mías, que mas podría pedir yo?.
Si haberte encontrado en aquella cafetería de carretera, luchando con la crema y el azúcar de tu café negro, hubiese sido la mas grande coincidencia del mundo, las mas rara y especial..
Pero ahora, antes de que mi cansancio logre desconectarme del mundo, me dices que las coincidencias no trabajan los domingos, que las casualidades no existen en nuestros días.. Que eso, es solo cosa de humanos..
Y como un potente eco, las palabras resonaron en todo el valle, grabándose en mis pupilas, encajándose en mi piel, jugueteando alrededor del fuego, como indios bailando a la lluvia de mis amaneceres.. Y no se como fue, que al despertar, ya no estabas ahí.. Te busque tras lo arboles y en madrigueras, en las cuevas y dentro del rió, los pastizales parecían sospechosos, pero ni ellos sabían donde estabas, y ya no te encontré mas. Más sin en cambio, cuando estuve a punto de rendirme, a los lejos logre divisar al otoño internarse en el bosque, volviendo el verde valle en el marrón mas intenso que jamas habrían visto mis ojos..
Entonces fue que te encontre, entre cada una de las ramas, entre cada unas de las hojas, vibrando entre cada árbol del otoño..
Y por fin sonreí..
