sábado, 19 de mayo de 2018

Deseos

¿Alguna vez te has preguntado donde nacen y mueren las estrellas fugaces?, ¿las maravillas que han visto a través de la gran oscuridad del infinito?.

A millones de años luz los cometas y asteroides bailan durante años, buscando un par con quien hacer la danza final, y cuando le encuentran es majestuoso, suele ser algo astromántico. Entonces chocan y se destruyen, y de todo ese caos nacen ellas, pequeñas rocas que viajan a través de cinturones, nebulosas y sistemas. Cada una de ellas nace solo con un propósito, cumplir un deseo, y cada cierto tiempo llegan a estos cielos en una lluvia interminable. Nacieron bailando y recorren el frío espacial en una perfecta coreografía, todas exactas y precisas, no piensan en otra cosa, solo el momento en que puedan arder y brillar, cumpliendo hasta el más tímido de los deseos. Así ha sido siempre...

Y el día llego, las pequeñas rocas ahora se podrían convertir en estrellas al menos un instante, entrando precisas en la atmósfera, la danza de la muerte, tal como nacieron. Entonces una de esas estrellas giró la mirada un momento y sintió algo más fuerte que la gravedad que le arrastraba a su destino, ahí los vio, un par de ojos, más brillantes que cualquier sol. En esos ojos vio por primera vez el infinito. Así que desafiando toda ley, su naturaleza, su misión. Salió de la perfecta formación y apunto directo al corazón, sin miedo, sin dudas, dispuesto a todo... Pero poco antes de acertar al blanco, vio una pequeña lágrima deslizando por el rostro de esos ojos y un suspiro desde el corazón. En ese instante paro su potencia y su brillo se perdió, cayendo inerte en la tierra...

Con curiosidad me acerque diciendo -Desafiaste toda lógica, rompiste con todo lo que eras y aun así, ¡paraste!. ¿Porque?- y aún, con un poco de brillo en el centro y con una voz quebrada me dijo -Porque no era lo que ella deseaba, y yo estoy dispuesto a perderlo todo...

Para hacerla feliz.-



jueves, 17 de mayo de 2018

Inquebrantable

Me has visto roto, mientras me ponía la playera al despertar la mañana, solo tu me has visto roto, y me acaricias la espalda para sentir la cicatriz. Es entonces que me dices "eres inquebrantable", y pones tus labios en mi hombro derecho. Luego nos despedimos en la puerta del vagón y me abrazas tan fuerte que pienso que podría deshacerme justo en ese lugar, pero tu paras la idea y me dices al oído "eres inquebrantable". Y me voy marcando una mueca con aires de sonrisa (pasa que no se sonreír). Entonces llego a casa sintiéndome molido, me tiro a la cama, esperando tu mensaje de llegada. Conversamos hasta decir que estamos agotados del día y la noche anterior, y tu último mensaje antes de dormir es "eres inquebrantable". Inquebrantable.

Es entonces que la semana se hace dura y larga, aunque tus mensajes reparan el daño. Vuelvo a sentirme inquebrantable. Inquebrantable. Y la cicatriz ya no se siente arder. Inquebrantable. Y los días se vuelven más ligeros, como tus labios en mi hombro derecho. Los días ya no aprietan tanto, se sienten más fuertes tus abrazos. Las noches en silencio se vuelven conversaciones mudas, imaginando tu voz entre las palabras, imaginando tus labios diciendo cada una... Me volví inquebrantable...

Pero un día tus labios ya no besaron mi hombro, ni tus brazos en mi cuello, ni tus textos en mi móvil. Ni la mueca intentando ser una sonrisa inquebrantable. Solo tu me has visto roto, y la cicatriz ya no arde. Solo tu me has visto roto. Pero no soy tan inquebrantable como quisiste creer, como me hiciste creer.

"eres inquebrantable", me dices mientras me desarmo poco a poco, "eres inquebrantable", continuas mientras la mueca oxidada vuelve a caer en el lavabo, "eres inquebrantable", repites una y otra vez, y yo solo me rompo frente a tus ojos.

Inquebrantable. Con cada beso acomodando mi hombro, con cada abrazo uniendo las piezas, con cada texto reparando mis ojos.

Y ahora caigo a cachitos a tus pies, ¿lo vez?, no fui tan inquebrantable esta vez.

No contigo.


martes, 15 de mayo de 2018

Colores

Pero lo que mas recuerdo de aquella escena era el momento en que ponías los pies en la alfombra y avanzabas dando giros de puntillas, mientras de detrás de las cortinas salían luces itinerantes y las paredes se teñían como acuarelas, así las farolas danzaban al ritmo de mis latidos. Justo cuando dejabas de girar entre mis ojos todo se apagaba de nuevo, y entre los bordes de tu falda se iban escondidos todos los colores del mundo, dejándome de nuevo en blanco y negro.




lunes, 14 de mayo de 2018

Escrito a la deriva

Es justo cuando bajó la marea, que vi los estragos de tu huracán, un paso fuera de tu ojo me arrastró hasta esta orilla y desde aquí aun puedo ver la fuerza de tus vientos, como te conviertes en lluvia. Desde este lugar apenas puedo sentir la brisa, como un roce en mis mejillas, veo como te alejas dejando atrás los trozos de la isla en la que naufragué, esa isla que se volvió mi hogar, mi refugio. Esa isla que ahora dejas atrás. Y aquí estoy, lejos de tus vientos, lejos de la isla que abrazaste tanto tiempo, sin mas que un remo, una cuerda y la brisa bañando mi cuerpo. Sin mas que el recuerdo de la quietud de tu ojo y el caos que me protegió tanto. 

Eres un huracán que arrasa con todo, y yo un náufrago que se aventura al mar de nuevo, dispuesto a atravesar el caos incierto, un náufrago que se enamoró del ojo de tu huracán, y que, quiere perderlo todo, por perderse en tus relámpagos una vez más.