¿Alguna vez te has preguntado donde nacen y mueren las estrellas fugaces?, ¿las maravillas que han visto a través de la gran oscuridad del infinito?.
A millones de años luz los cometas y asteroides bailan durante años, buscando un par con quien hacer la danza final, y cuando le encuentran es majestuoso, suele ser algo astromántico. Entonces chocan y se destruyen, y de todo ese caos nacen ellas, pequeñas rocas que viajan a través de cinturones, nebulosas y sistemas. Cada una de ellas nace solo con un propósito, cumplir un deseo, y cada cierto tiempo llegan a estos cielos en una lluvia interminable. Nacieron bailando y recorren el frío espacial en una perfecta coreografía, todas exactas y precisas, no piensan en otra cosa, solo el momento en que puedan arder y brillar, cumpliendo hasta el más tímido de los deseos. Así ha sido siempre...
Y el día llego, las pequeñas rocas ahora se podrían convertir en estrellas al menos un instante, entrando precisas en la atmósfera, la danza de la muerte, tal como nacieron. Entonces una de esas estrellas giró la mirada un momento y sintió algo más fuerte que la gravedad que le arrastraba a su destino, ahí los vio, un par de ojos, más brillantes que cualquier sol. En esos ojos vio por primera vez el infinito. Así que desafiando toda ley, su naturaleza, su misión. Salió de la perfecta formación y apunto directo al corazón, sin miedo, sin dudas, dispuesto a todo... Pero poco antes de acertar al blanco, vio una pequeña lágrima deslizando por el rostro de esos ojos y un suspiro desde el corazón. En ese instante paro su potencia y su brillo se perdió, cayendo inerte en la tierra...
Con curiosidad me acerque diciendo -Desafiaste toda lógica, rompiste con todo lo que eras y aun así, ¡paraste!. ¿Porque?- y aún, con un poco de brillo en el centro y con una voz quebrada me dijo -Porque no era lo que ella deseaba, y yo estoy dispuesto a perderlo todo...
Para hacerla feliz.-

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