Cuando era pequeño, trajiste ese
maravillosotelescopioincreible a mi casa, desde donde por las noches, observábamos las infinitas luces que parpadeaban solo para nosotros. Alguna vez
me dijiste, que si fijaba mi mirada directo a la estrella mas lejana que pudiese
divisar y en voz baja decía el nombre de la chica cosmonauta que la habitaba,
el universo conspiraría para que el tiempo y el espacio nos reuniera mas allá
de lo inimaginable.. Pero cuando regrese mi mirada hacia ti, escapaste de ella,
en silencio, saltando de puntillas entre el cinturón de asteroides, formado por
mis pecas.
Justo hoy recordé esa escena tan triste en mis recuerdos,
trayendo de vuelta tu ausencia, así que vague entre las nebulosas de mis
recuerdos y las órbitas de mi habitación, hasta que entre el caos de mi closet
cayo ese viejo telescopio y pensé que quizá, si apuntaba hacia las mismas lunas
que vi aquella noche, podría encontrar una pista de tu ubicación estelar, así
que lo coloque en mi ventana, y me puse mi casco de astronauta, decidido a perderme
en el frió espacial. Fue cuando mire a través del infinito y te vi, observándome,
con tu propio maravillosotelescopioincreible, como buscando lunas.
Y buscando lunas, encontré tus lunares…




