Esa noche escuche tu aullido, al otro lado de la montaña, como si estuvieras lista para la guerra. Un llamado que me advertía que estabas dispuesta comenzar la batalla, así que sin pensarlo pinte mi rostro y afile mi hacha, coloque cada flecha en mi arco, asegurándome que todas pudieran atravesar tu helada piel.. Y pudiesen mostrar el rojo mas intenso que jamas hubiera visto.. Las aves advertían tu marcha y el fuego alumbraba la oscuridad.. Todo estaba listo, la tribu cantaba y tocaba los tambores de batalla, y sin pensarlo entre al ruedo. Uno a uno, los lobos rodeaban el circulo de batalla.. La jauría mas imponente, que aullaba y gruñía con ferocidad.. Y ahí, entre la oscuridad, divise tus ojos.. No eran los mismos ojos de los feroces lobos de los cuentos y leyendas, pero antes de pensarlo, tus garras y colmillos se abalanzaron sobre mi.. La danza de la muerte, matar o morir.. Tus poderosa mandíbula estaba a punto de dominar mi cuello, cuando en mi desesperación mi mano derecha arranco tu piel, y la izquierda tiro de tu pelaje.. Fue entonces cuando te vi levantarte, sobre un par de piernas humanas, y tu piel tan pálida como la nieve, pero lo mas interesante, era el rojo mas intenso que jamas hubiera visto, arraigado en tus labios, unos labios, tan infinitamente humanos.. Tire mi hacha y partí mi arco, mientras tu corrías tras la jauría ocultándote en el oscuro bosque..
Hasta ahora sigo son entender lo que paso aquella noche, ni quien gano la batalla..
Pero si algo es cierto, es que ninguna guerra, ni por mas peligrosa y fiera, me había dado una batalla tan gloriosa como tu lo hiciste..
Hasta ahora sigo son entender lo que paso aquella noche, ni quien gano la batalla..
Pero si algo es cierto, es que ninguna guerra, ni por mas peligrosa y fiera, me había dado una batalla tan gloriosa como tu lo hiciste..

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